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Otro Aliado contra el Cáncer: Protocolo Riordan

En estos 9 años como Nutricionista Clínico y Health Coach, he tenido la oportunidad de acompañar a varios pacientes con distintos tipos de cánceres, como Linfoma de Hodgkin, Linfoma no Hodgkin, cánceres de mama hormono- dependiente y triple negativo (algunos con metástasis), cáncer de hígado, cáncer de estómago, cáncer de páncreas, cáncer de cuello uterino, cáncer de vulva, cáncer de tiroides, cáncer de pulmón, entre otros. Sin embargo, los conocimientos, las estrategias y mi carácter no han sido los mismos, gracias a Dios a lo largo de todo el camino. Reconozco que al principio de mi carrera tenía buenas bases, estrategias de estilo de vida, buenas intenciones y un corazón movido por el deseo de ayudar a sanarlos. Sin embargo, también hubo necedad, orgullo y mucha frustración porque en algunos casos sentí que mi trabajo NO fue suficiente, NO fue valorado y No fue completo.

Hoy en día, tengo la necesidad de seguir aprendiendo para poder ayudar más y mejor a mis pacientes, teniendo la certeza que ante todo Dios tiene la última palabra. Segundo, nosotros como simples humanos, debemos agotar todos los recursos que tenemos a disposición con la mejor actitud, confianza y educación para poder decidir cuál es el mejor camino.  Tercero, el enfoque siempre debe ser integrativo, porque esto es lo que realmente traerá el mayor beneficio al paciente.  No se trata de satanizar la quimioterapia, la radioterapia, la inmunoterapia ni la cirugía, porque a pesar de que tienen muchas fallas, para algunas personas sigue siendo la única alternativa.

La buena noticia es que existe un abordaje integrativo que contempla con amplia evidencia científica la alimentación adaptada al paciente, el ejercicio, los ayunos, la suplementación, la terapia convencional, el uso de otros protocolos y terapias alternativas como el ozono, las cámara hiperbárica, ciertos medicamentos a bajas dosis (Viscum Album o Helixor), la hipertermia, la sauna y las megadosis de vitamina C. Probablemente existan otras terapias que desconozco pero me alegro que cada día pueda aprender nuevas herramientas para darlas a conocer a mis pacientes.

Este blog quiero dedicarlo al Protocolo Riordan patentado en 1997 y que ha sido utilizado exitosamente por más de 40.000 pacientes solo en Wichita-Kansas, en las instalaciones de la Clínica Riordan. Todo esto como resultado del proyecto RECNAC (cáncer al revés) creado por los hermanos Riordan desde 1980, en un intento de ofrecer un agente quimioterapéutico y modificador de la respuesta biológica a los pacientes con menores efectos secundarios y que alargara la calidad de vida de los pacientes (manteniendo la remisión).

La vitamina C o el ácido ascórbico es una molécula soluble en agua, es decir que no tiene suficiente capacidad de almacenamiento en el cuerpo (algo se acumula en las adrenales, cerebro y células inmunitarias) y por esto los niveles plasmáticos se mantienen siempre bajos de 10 micromoles por mililitro y esto condiciona a que tengamos problemas con la inflamación, producción de colágeno, fijación del hierro y en la respuesta inmunológica.   La molécula de ascorbato es una hexosa similar a la glucosa y si tomamos en cuenta que la célula tumoral tiene más receptores para la glucosa que una célula sana, por confusión la va a engullir sin parar y es allí donde comienza lo interesante.

¿Cuáles son los mecanismos de acción de la megadosis de vitamina C endovenosa a nivel tumoral?

 

  • La Vitamina C es precursora de colágeno que es la proteína más abundante estructural del cuerpo; por ende, protege a los tejidos de las células sanas de la invasión tumoral y de la metástasis. Esto se relaciona con el punto 3.

 

  • En concentraciones bajas en dosis orales, la vitamina c actúa como un antioxidante; pero en concentraciones altas, tiene la capacidad de alterar el ciclo redox de la célula tumoral por la excesiva producción de peróxido de hidrógeno; es decir, cuando la demanda oxidativa es mayor a la oferta anti oxidativa, el estrés metabólico aumenta, generando un efecto de toxicidad selectiva de las células tumorales, generando autofagia y apoptosis. Aquí es importante entender que una célula sana puede hacerle frente a este radical libre de manera más eficiente. Estudios realizados en diversos laboratorios en distintos modelos animales, confirman la citotoxicidad del ascorbato in vivo y la reducción del crecimiento de distintos tumores. (Cáncer hepático, pancrático, colónico, prostático, leucemia, sarcoma y mesotelioma (Chen, et al., 2008; Verrax & Calderon, 2009; Belin, et al., 2009; Yeom, et al., 2009; Du, et al., 2010; Pollard, et al., 2010).

 

  • Inhibición de la angionésis tumoral, que es la creación desaforada de vasos sanguíneos para recibir nutrientes de célular sanas y aumentar la replicación. Esto es un paso crítico para el crecimiento tumoral y la metástasis. Esto tiene que ver con el efecto que tiene el ascorbato sobre el colágeno, que puede entorpecer la generación de nueva vasculatura, que a su vez puede inducir hipoxia, la inhibición de genes para la angiogénesis y la generación de necrosis en la célula neoplásica.

 

  • Modulación de la inflamación: la vitamina C es capaz d reducir entre un 15-25% la PCR y de forma significativa marcadores como la IL-1, IL-6, IL_ 8, IL_2, el Factor de Necrosis tumoral alfa y la Eotaxina. Estos últimos logran mantenerse bajos por largo tiempo gracias a estas megadosis. Esto se observó en pacientes de cáncer de Próstata pero se puede traspolar a los otros tipos.

 

 

  • Apoya el efecto de la quimioterapia por la toxicidad tumoral selectiva que genera al alcanzar niveles plásmaticos >20 micro moles por mililitro o 350-400 mgs/dl (son los niveles que aseguran la eficacia del protocolo). Por otro lado, generando menos daño sobre las células sanas y apoyándo al hígado en su fase II de detoxificación. Datos obtenidos por medio de metaanálisis, han concluido en que la terapia con VCI no interfiere con regímenes quimioterapéuticos (Simone, et al., 2007; Block, et al., 2008).

 

  • Otros estudios clínicos han evaluado el efecto de la VCI en la calidad de vida en el paciente de cáncer. En un estudio realizado en Corea en el 2007 por Yeom y colaboradores, se encontró que la VCI mejoró significativamente la calidad de vida, con beneficios que incluían: menor fatiga, náuseas y vómitos y mejora del apetito. En otro estudio realizado en Alemania se compararon pacientes con cáncer mamario que recibieron terapia convencional combinada con VCI ante pacientes que recibieron únicamente terapia convencional, el primer grupo mostró menor depresión y desordenes de sueño así como mejor apetito y menor fatiga y nauseas. (Vollbracht, et al., 2011). No se observaron efectos secundarios.

Con base a lo anterior señalado el protocolo Riordan establece criterios de inclusión para ver si eres candidato para recibirlo. Se toma en cuenta lo siguiente:

 

  • Pacientes que no hayan tenido resultados con la terapia convencional; aquellos que busquen potenciar la terapia convencional y/o deseen disminuir los efectos secundarios de la misma. Pacientes que intenten prolongar la remisión y mejorar la salud en general. Personas que deseen un tratamiento alternativo nada más.

 

  • El paciente o representante legal del paciente deberá firmar un consentimiento para recibir el protocolo con VCI (vitamina C intravenosa). Este no debe tener ninguna enfermedad psiquiátrica significativa, falla cardíaca congestiva y otra comorbilidad descontrolada.

 

  • Se debe realizar análisis de laboratorio que contengan: perfil de electrolitos séricos, conteo sanguíneo completo, Glóbulos Rojos con análisis de la enzima G6PD; urea, creatinina, aclarado de creatinina 24 horas, filtrado glomerular, cistatina C, examén de orina completo y otros parámetros sanguíneos que el profesional crea conveniente revisar.

 

  • Anamnesis completa para conocer a profundidad la condición del paciente: a) Tipo y estado de tumor. Reportes quirúrgicos, patológicos y procedimientos especiales. (Reclasificar el estado de cáncer en caso de que existan síntomas de progresión). b) Marcadores tumorales apropiados, CT, MRI, PET, escáneres óseos y rayos X. c) Tratamientos previos y la respuesta del paciente a cada uno de ellos, incluyendo efectos secundarios. Estado funcional del paciente (Índice ECOG, por sus siglas en inglés, Eastern Cooperative Oncology Group Performance Score). d) Peso corporal y otras variables que sean necesarias para el profesional tratante.

Variables a tomar en cuenta y posibles efectos secundarios:

 

  • Fiebre, escalofríos, dolor corporal, cefaléa y disminución de la energia. Reacción esperada en respuesta a la reacción del sistema inmunológico. Lo mismo ocurre cuando se utilizan las inyecciones cutáneas de Viscum Album o del Helixor.

 

  • Interpretación errónea de glucómetro en pacientes diabéticos que reciban dosis ≥ a 15 g. Dependiendo de la dosis, los falsos positivos en las lecturas de glucosa pueden durar hasta 8 horas después de la infusión. La sangre venosa extraída y analizada con el método de glucosa hexoquinasa sérica no es afectada. Las tiras electroquímicas no distinguen entre ácido ascórbico y glucosa a niveles elevados. Es importante alertar a los pacientes diabéticos acerca de éste efecto para evitar complicaciones posteriores con el uso innecesario de medicamentos antidiabéticos.

 

  • El síndrome de lisis tumoral o necrosis tumoral, ha sido reportado en un paciente después de recibir una dosis elevada de VCI, es por ello que el protocolo debe iniciarse a dosis de 15 g y aumentar gradualmente.

 

 

  • Nefropatía aguda por formación de oxalato, ha sido reportado en otro paciente que recibió 60 g de VCI. Es importante, evaluar la función renal, hidratación y capacidad de producción de orina antes de la terapia con VCI.

 

  • Hemólisis o la destrucción de los glóbulos rojos, es otro problema que ha sido reportado en pacientes con deficiencia de la enzima G6PD al recibir dosis elevadas de VCI.

 

 

  • Irritación en el sitio de infusión, es otro efecto no deseado que ocurre cuando se aplica de forma directa en una vena sin utilizar un puerto venoso. Es también probable que ocurra irritación cuando se exceden tasas de infusión mayores a 1g/min. En el protocolo se aconseja agregar magnesio para reducir la incidencia de irritación y espasmo venoso.

 

  • Debido al efecto quelante de la VCI, algunos pacientes pueden quejarse de temblores a causa de niveles disminuidos de magnesio o calcio. La adición de 1 ml de MgCl, normalmente resuelve éste problema. En casos más severos pueden incluirse 10 ml de gluconato de calcio 1ml/min.

 

 

  • Debido a la cantidad de fluidos que se utilizan durante la VCI, cualquier condición que pueda ser afectada por la sobrecarga de sodio (se utiliza hidróxido de sodio y bicarbonato como buffer en VCI) está contraindicada su aplicación.

 

  • Sobrecarga de hierro también ha sido reportada con la terapia con VCI. En la Clínica Riordan se ha tratado un paciente con hemocromatosis sin efectos adversos o cambios significativos en el hierro.

 

  • Como con cualquier infusión intravenosa, infiltración en el sitio es un efecto adverso posible. El uso de puertos venosos y mariposas con agujas #23 generalmente evita éste problema.

 

 

  • La tasa de administración de VCI debe ser de aproximadamente 0.5 g/min. (Tasas de hasta 1 g/min son generalmente bien toleradas, pero se recomienda observación frecuente, ya que los pacientes pueden presentar problemas de náusea, temblores y escalofríos.)

 

  • No debe aplicarse a velocidad elevada ya que la osmolaridad de dosis elevadas puede causar esclerosis de venas periféricas, tampoco debe administrarse vía intramuscular o subcutánea.

 

  • Siempre se recomienda utilizar la misma marca de ácido ascórbico y de solución salina. Investigar marcas de laboratorios confiables.

¿ Cómo se hace el protocolo de VCI?

 

Se inicia con una serie de tres infusiones consecutivas de 15, 25 y 50 g (1 por semana), con determinación de niveles plasmáticos de vitamina C para poder establecer la dosis que genera la mayor efectividad. Según el protocolo Riordan, cuando se alcanzan picos plasmáticos ~20 mM (350–400 mg/dL) es cuando se observa mayor eficacia.  

 

 

 

 

 

El nivel plasmático post VCI posterior al primer tratamiento con 15 g ha demostrado ser clínicamente importante por la información que aporta: niveles menores a 100 mg/dL se correlacionan con niveles elevados de estrés oxidativo, probablemente a causa de una mayor carga tumoral, daño ocasionado por radioterapia o quimioterapia, infecciones secundarias ocultas u otros factores oxidativos como tabaco. Después de las primeras tres infusiones, el paciente puede continuar  la terapia con 25-50 g dos veces por semana, hasta tener los resultados de laboratorio de niveles plasmáticos deseados.

 

 

Si los niveles post plasmáticos posteriores a dosis de 50 g no alcanzan el rango de 350–400 mg/dL, debe obtenerse una segunda muestra post VCI. Si el rango es alcanzado, el paciente debe continuar con el tratamiento de 50 g dos veces por semana. Los niveles plasmáticos deben evaluarse una vez al mes para asegurar la eficacia del tratamiento.

 

 

Cuando el rango plasmático post VCI no es alcanzado aún recibiendo 50 gramos, la dosis debe aumentarse a 4 infusiones de 75 g; posterior a esto deben medirse los niveles plasmáticos. En pacientes en los que el rango esperado no se alcanza, la dosis puede aumentarse hasta 1 0 0 g . Si a pesar de ello el paciente permanece en rangos inferiores a los esperados, la causa puede ser la presencia de infecciones secundarias, progresión tumoral o tabaco. Al descartar éstos factores, el médico puede elegir aumentar la dosis a 100 g tres veces por semana, dosis mayores de 100 g no se recomiendan sin haber evaluado previamente la osmolaridad sérica antes o después de VCI, para mantener rangos osmolares fisiológicos.

 

Cuando las dosis elevadas no son bien toleradas o si existe progresión tumoral a pesar de lograr rangos plasmáticos esperados, las dosis menores proveen los beneficios biológicos de la VCI, que incluyen, mejora en la respuesta inmune, disminución de dolor, aumento de apetito y mejora en el bienestar general. Según la experiencia reportada en la clínica Riordan, la mayoría de los pacientes requieren infusiones de 50 g 2 a 3 veces por semana para mantener niveles plasmáticos terapéuticos. Todos los pacientes deben ser monitorizados mensualmente. Además es recomendable que los pacientes tomen VC oral, al menos 4 g diarios, especialmente en los días en que no se administra VCI. Esto ayuda a prevenir un posible efecto rebote.

 

Finalmente adjuntaré un cuadro extraído de la web de la clínica Riordan dónde se expresa gramos de vitamina C, cantidad de solución fisiológica empleada por dosis, disolución, velocidad y tiempo de aplicación. Este es un esquema modificable según las sensaciones del paciente.

Volumen de ácido ascóbico

Volumen final de solución (Ringer lactato o agua estéril)

Velocidad de infusión

Tiempo total de la infusión

 

15 gramos (30 cc)

250 cc/ml

0.5-1 g/min

0.5 hora

 

25 gramos (50 cc)

500 cc/ml

 

0.5-1 g/min

1 hora

 

50 gramos (100cc)

500 cc/ml

0.5-1 g/min

1.5-2 horas

 

75 gramos (150 cc)

750 cc/ml

0.5-1 g/min

2.5-3 horas

 

100 gramos

1000 cc/ml

0.5-1 g/min

3.5-4 horas

 

Como siempre espero que este contenido sea edificante para ti sobre todo si tienes un familiar, amigo o sufres de cáncer, porque el conocimiento te da libertad para tomar decisiones informadas. Cuentas con mis servicios profesionales a nivel mundial para acompañarte paso a paso en este camino.

Gracias por leerme.

 

Referencias bibliográficas:

 

  • Ashino, H. et al., 2003. Novel function of ascorbic acid as an angiostatic factor. Angiogenesis, Volume 6, pp. 259– 69.
  • Belin, S. et al., 2009. Antiproliferative effect of ascorbic acid is associated with inhibition of genes necessary to cell cycle progression. PLoS ONE, Volume 4, p. e4409.
  • Berlin, S. et al., 2009. Antiproliferative effect of ascorbic acid is associated with inhibition of genes necessary for cell cycle progression. PLoS ONE, Volume 4, pp. E44–0.
  • Block, K. et al., 2008. Impact of antioxidant supplementaion on chemotherapeutic toxicity: a systematic review of the evidence from randomized controlled trials. Int J Cancer, Volume 123, pp. 1227–39.
  • Cameron, E. & Pauling, L., 1976. Supplemental ascorbate in the supportive treatment of cancer: Prolongation of survival times in terminal human cancer. PNAS USA, Volume 73, pp. 3685–9.
  • Campbell, A. & Jack, T., 1979. Acute reactions to mega ascorbic acid therapy in malignant disease. Scott Med J, Volume 24, p. 151.